Las
diez brevísimas películas de diecisiete metros que componían los
primeros programas presentados por los Lumiére mostraban imágenes
absolutamente vulgares e inocentes. Películas que, barajando unas
pocas variantes, ofrecían temas bien prosaicos:
-La salida de los obreros de la fábrica Lumiére
-Riña de niños.
-obreros de la fábrica Lumiére
-Riña de niños.
-Los fosos de las Tullerías.
-La llegada del tren .
-El regimiento.
-El herrero.
-Partida de naipes.
-Destrucción de las malas hierbas.
-La demolición de un muro.
-El mar
Como puede verse, nada nuevo ni nada extraordinario ofrecían estos
temas, propios del repertorio de cualquier fotógrafo aficionado de
la época. Pero, a pesar de ello, el impacto que causaron aquellas
cintas en el ánimo de los espectadores fue tan grande que al día
siguiente los diarios parisinos se deshacían en elogios ante aquel
invento y un cronista, víctima de una alucinación, elogiaba la
autenticidad de los colores de las imágenes. Un
operador de Edison, en estados Unidos, Edwin S. Porter, tuvo la genial idea
de montar por separado una serie de escenas de archivo de incendios y
acciones de los bomberos por un lado, y por otro secuencias de bomberos
tomadas por él mismo. El resultado fue, probablemente, la primera película
de montaje de la historia del cine Vida de un bombero americano (Life of
an American Fireman, 1903). Su descubrimiento lo perfeccionó en
Asalto y robo al tren (The great train robbery, 1903), en la que mezcla
varias historias rodadas por separado que confluyen en un momento
determinado. Entre las secuencias, son de destacar: unos bandidos que han
asaltado la estación, la hija del telegrafista que al que han amordazado, y
un baile en el que está la gente del pueblo. La historia finaliza en la
confluencia de estos tres relatos en un final en el que los bandidos son
rodeados y vencidos. El final de la película es otro avance indiscutible: el
primer plano del actor George Barnes, jefe de los bandidos, que apunta su
revólver hacia el público, y dispara. Desde esta película el avance del
lenguaje cinematográfico fue imparable.
